La familia es una institución reproductora no solo de la especie sino también de la sociedad y del sistema de valores que conforman la base cultural de todo conglomerado humano. Toda persona además de identidad física adquiere identidad cultural a través de los valores, costumbres, tradiciones, hábitos de vida, sistemas de creencias, formas de estímulo y control, reglas ordenadoras de la existencia común, que primero y con más impacto que a través de cualquier institución se adquieren por medio de la familia. Aquí se adquieren vínculos afectivos y morales que se mantendran a lo largo de la vida.
Vivimos en una sociedad que en revolución, somos testigos de muchos conflictos de valores que se producen en la actual macrosociedad, que se reflejan hacia el interior de la familia, todos ellos por diferentes factores entre los que destacan los intereses que representan, las conviciones, el nivel económico, la procedencia social, el ejemplo de las figuras parentales, al nivel educacional, el acceso a la información, el trabajo y la profesión de sus integrantes, las tradiciones familiares y culturales, el funcionamiento e interaccion familiar, la influencia de los medios de comunicación y de las organizaciones sociales en la vida familiar. La sociedad conforma al grupo familiar a tono con los intereses y valores del sector social que este representa.
Los vínculos adecuados entre padres e hijos se sustentan en el cariño y los principios. Los lazos familiares son más solidos y permanentes en tanto se cimientan en afectos y valores positivos.
Muchos transtornos Psiquiatricos, como las personalidades antisociales, estan relacionados con la deprivación afectiva en edades tempranas, al grado de que tales transtornos tienen su correlato anátomo -funcional al no permitir dicha deprivación la maduración de centros nerviosos del Diencéfalo que han de desarrollarse bajo la influencia de la estímulacion afectiva quedando el sujeto marcado con una insuficiencia biológica ya, para las respuestas afectivas apropiadas de los sujetos normales, ante los estímulos sociales que lo requieren. Estas personas estan incpacitadas, a nivel biológico y de la personalidad para el pensamiento superior, para los pensamientos altruista, para el desarrollo de los valores espirituales más preciados. Afectos y valores han de ir juntos en la educación de los hijos para lograr un equilibrio en la personalidad y en la salud mental. Durante sus primeros años de vida, la persona va desplegando la capacidad de dar respuesta emosional adecuada a los estímulos afectivos que va recibiendo en su medio familiar, el sujeto recibe una serie de emosiones y sentimientos, coherentes y proporcionales a la intencidad y carácter de sus vínculos con los demás. Cuanto más abierto y variado es el espectro, más riqueza espiritual y más potencialidades afectivas en la personalidad, más inteligencia emosional. No se debe ver el aprendizaje solo como un proceso intelectual que desarrollo potencialidades de inteligencia y capacidades cognitivas, sino que se enseña también la afectividad y ese proceso educativo basado en cariño y valores, desarrollará la inteligencia emocional y las capacidades superiores de socialización del individuo, su capacidad de entrega y altruismo, su espiritualidad.
Clavijo, A. (2007). La educación en valores desde la familia. En Conocimiento, Educación y Valores. Recuperado el 13 de diciembre de 2009.